El otro día tuvimos una visita muy especial en clase: vino Noemí con sus niños y niñas para enseñarnos algo que tenían muchas ganas de compartir. Desde que entraron por la puerta ya se notaba la emoción —y claro, ¡nos dejaron a todos y todas muy intrigados!
Enseguida nos pusimos manos a la obra. Primero había que montar los escenarios: las vías, las estaciones, los túneles, las señales… Cada pieza tenía una función diferente, y entre todos y todas fuimos descubriendo para qué servía cada una. Fue divertido ver como los mayores nos ayudaban, cómo compartían las piezas y cómo surgían ideas sobre cómo hacer el recorrido del tren.
Además de ser muy divertido, fue una actividad genial para trabajar la cooperación, la paciencia y la observación. Sin darnos cuenta, estábamos aprendiendo sobre el movimiento, las causas y efectos, y también sobre cómo seguir instrucciones y resolver pequeños retos.
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